Que la luz es imprescindible en fotografía, es algo que muy probablemente ya sepas. Y si no lo sabes porque acabas de aterrizar en este mundo, es la primera lección que debes aprender. También debes saber que, además de ser imprescindible, juega otros papeles, puesto que trabajando con ella puedes conseguir imágenes más creativas o incluso transmitir unas sensaciones u otras. Hay diferentes tipos de luz según se clasifique por dirección, intensidad o calidad. Hoy trataré este tema desde el punto de vista de la calidad, según la cual la luz puede ser dura o difusa. Mi objetivo en este artículo es darte algunos consejos que te puedan ayudar a lograr maravillosas imágenes con luz difusa. Pero antes de continuar, me parece fundamental contarte cuál es la diferencia entre luz dura y luz suave (o difusa).

Luz dura

Este tipo de luz se produce cuando la fuente es pequeña, cuanto más pequeña y distante es, más dura es la luz que genera. No tiene que ver con la cantidad, sino con la forma en la que incide sobre los objetos. La luz dura produce sombras y contrastes mucho más marcados. Las transición entre las sombras y las luces es muy brusca. Se utiliza para transmitir agresividad, fuerza… y destacar las texturas. Aquí tienes un ejemplo de luz dura.

Luz difusa

En este caso, la transición entre luces y sombras es más progresiva y sutil. Transmite ternura, dulzura y es mucho más romántica. La luz cae sobre los objetos de forma más difuminada y permite apreciar mejor los detalles. Es el tipo de luz en el que me voy a centrar hoy.

By | 2017-08-13T01:02:51+00:00 agosto 13th, 2017|Sin categoría|

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